LA ENTREVISTA CON VICTORIA BARAS, NATURÓPATA
Ha probado todo lo que ofrece a quienes le consultan y atribuye a eso su buen estado. Publica Antiaging natural (Editorial Integral), un plan para mantener una larga y buena vida.
–¿Qué hace envejecer?
–Los tóxicos estimulantes, en primer lugar; la cocaína, que agujerea el tabique nasal y el cerebro. También quitan vitalidad los tóxicos de la comida –aditivos y dioxinas–, el café, los contaminantes del ambiente y el estrés. El estrés, muchísimo.
–¿Hay formas de ser que empeoran la situación?
–Las personas que llevan la vida con humor, que meditan, saben relativizar –no eres ni tan genial ni tan horrible– y aprenden a situar las cosas en su justa proporción viven mucho más. Si te han despedido, tal vez se abrirá otra puerta. Quien tiene una red de relaciones afectivas, disfruta con una afición, duerme bien y sabe marcar el ritmo a su existencia –ahora trabajo mucho, después descanso, más tarde me divierto– también vive más.
–A eso, usted añade altas dosis de vitaminas, minerales y enzimas.
–Siempre empiezo recomendando una depuración, no un ayuno, porque esa palabra asusta. Los primeros días, solo hay que tomar un caldo, un zumo de frutas, otro de avena… cosas ligeras que dan al cuerpo la orden interna de “descansa”. Después viene una dieta muy blanda. Limpiamos el intestino, que es el sistema orgánico menos cuidado, aunque es la base del sistema inmunológico. Deberíamos depurarnos como mínimo dos veces al año.
–Teniendo en cuenta que todas las células del cuerpo envejecen sin parar, intentar compensar eso con nutrientes encapsulados puede resultar una locura.
–El cuerpo no envejece simultáneamente, de golpe, ni de igual forma en todas las personas. Hay quien empieza a tener problemas con las hormonas, o no duerme bien. Otras, lo primero que perciben es la pérdida del interés sexual, o notan que se les va la memoria. Los hay que detectan la vejez porque les aparecen malformaciones articulares. Cada cual ha de empezar por el punto que le falla.
–¿Antiaging o antienvejecimiento?
–El objetivo es estar bien cuando entramos en la madurez. Las grandes clínicas antiaging emplean hormonas –del crecimiento, sexuales…–. Se puede conseguir el mismo efecto con sustancias naturales. Combinando aminoácidos. Tres de ellos –ornitina, glicina y arginina, juntas– liberan hormona de crecimiento. Si tu deseo sexual desciende, puedes tomar una plantita, la maca andina, que estimula el eje hipofisario. Y así.
–Hace 10 años, el concepto de antiaging era desconocido en España.
–El periodo de bonanza económica ha sido determinante, y el hecho de que EEUU marca la pauta de todos los fenómenos: fueron los primeros en hablar de márketing. Inventaron el couching (entrenamiento personal para superarse ), y ya está aquí. La idea de antiaging es suya.
–¿Cuál es el objetivo?
–Detectar el desfase que existe entre la edad biológica –el estado de los órganos– y la edad cronológica del individuo, la que indica su DNI. Muchas veces, una persona de 50 años tiene un organismo de 60 porque ha llevado una vida estresada, comiendo mal, tomando y respirando tóxicos. Hay mucha gente envejecida, mucha. El objetivo es equiparar la edad biológica a la cronológica.
–¿Qué órganos envejecen antes?
–Los órganos vitales son el corazón y el cerebro, que también son los más resistentes. La gente tiene miedo al cerebro y respeto al corazón, que es el que da menos avisos. Pero lo que está más maltratado es el intestino, que es el centro de todo y deberíamos mantenerlo siempre limpio. Los chinos dicen que es el segundo cerebro. Todas las emociones van del cerebro al intestino. Los estados nerviosos y los disgustos van al hígado, que se pone verde de rabia.
–Esta no es su primera profesión.
–No, no. Yo me inicié en el templo de las finanzas, en la Bolsa de Barcelona, donde fui asistente del presidente, Xavier Ribó, y dirigí la comunicación. Entré con 17 años y salí con 33. Era un coco. De allí, fui a Fibanc, la banca privada. Monté un banco de gestión privada de patrimonio y, más tarde, una agencia de comunicación sobre finanzas y empresas. En 1992, exploté. ¡Tenía tal estrés! Estaba quemada, agotada…
–¿Qué hizo?
–Fui al médico y me recetó ansiolíticos durante el día y antidepresivos por la noche… Me dije, a mi cuerpo le pasa algo, esta ansiedad me está diciendo algo. Profesionalmente, me sentía colmada; internamente, tenía la sensación de que me estaba secando. Tenía 18 empleados a mi cargo, pero lo dejé todo. Entregué las llaves del negocio a mi hermano y me fui.
–Se fue.
–A Mallorca. Durante tres meses, me dediqué a meditar con un lama budista. El lama me ayudó a orientar mi vida hacia la parte espiritual, y descubrí lo que es esencial. Empecé en el mundo de las terapias porque era lo que yo necesitaba recibir. Fue un cambio apasionante. Estudié medicina bioenergética en Colombia y Naturopatía en Barcelona. Aprendí mucho. Soy otra persona.
Fuente: El periodico