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Archive for 14 octubre 2008

LA ENTREVISTA CON MARINA LLOBET, DIETISTA INFANTIL

Ha abierto historia clínica en el Hospital de Sant Joan de Déu, de Esplugues, a más de 250 niños de 2 a 15 años a los que se ha diagnosticado obesidad, con secuelas.

JOSEP GARCÍA

–¿Por qué se es obeso con 2 años?
–Porque, como a esa edad el niño puede comer cosas de adultos, se le da el mismo plato que al resto de la familia, seleccionado entre lo que al nene le gusta más y sin medir las cantidades. Muchas veces, macarrones como plato único.

–¿Refleja una actitud de la familia?
–La mayoría de padres se ponen muy nerviosos a la mínima que el niño come menos un día. Persiste esa mentalidad, e intentan que coma cada vez más. Recuerdo el caso de una niña de 3 años, obesa, a la que sus padres la trajeron al hospital porque estaban hartos de que el pediatra les dijera que debían controlarle la dieta. Ellos la veían moní- sima, tan gordita. La visitamos y vimos que la niña ya era hipertensa.

–¿Qué consecuencias tiene eso?
–Tengo pacientes de 14 años que para atravesar el pasillo y llegar hasta la báscula tardan el doble de tiempo que yo, porque han de caminar muy despacio para no ahogarse. Atiendo a adolescentes que pesan 120 o 150 kilos, con una altura de 1,70 metros. Muchos ya tienen intolerancia a los hidratos de carbono, algo así como prediabetes, porque su páncreas apenas tiene capacidad para asimilar la glucosa.

–¿Son conscientes de que tienen un problema?
–Muchos, sí. Los que tienen familiares diabéticos me preguntan: “¿Me pasará como al abuelo?”, y a veces se ponen a llorar. Tienen hipertensión, colesterol alto, pies planos… Son niños que sufren mucha ansiedad, porque se sienten controlados. Están todo el día pensando en la comida.

–Un niño obeso de 8 años ¿le explica a usted qué come de verdad?
–Sí. Y suelen ser sinceros. Yo les digo que no los conozco de nada y les propongo partir de cero en nuestra relación. Me explican que los lácteos los toman desnatados –al llegar aquí ya han pasado por varios médicos–, pero toman cola-cao con azúcar. Muchos niños obesos no desayunan.

–¿Y qué toman los que sí lo hacen?
–Antes de ir al cole, comen cosas normales –cereales, madalenas o galletas– en cantidades que no controlan. La mayoría, toman cereales con leche con cola-cao, pero, si les pregunto cuánto comen, no lo saben. Tiran de la caja de cereales y, si tienen más hambre, se ponen más.

–Después desayunan en la escuela.
–Sí, claro. Bocadillo, siempre con embutido. El jamón serrano o dulce lo consideran alimento de dieta. Toman paté, fuet, mortadela o chorizo. No entienden la diferencia entre un alimento poco graso y otro compuesto por un 50% de grasas. Han cambiado el bollycao por el bocadillo, pero eliminan lo que más les convendría: atún, jamón, algún queso, lomo o las sardinas de siempre.

–¿Deciden ellos o sus madres?
–Normalmente, el bocadillo del desayuno es de lo que le guste al nene.

–¿Cuál es la peor comida del día?
–La cena. Es una comida que se hace como se puede, como pueden los padres. Casi siempre, algo frito, lo más rápido. Muchas sopas de pasta y carne rebozada. De postre, yogur.

–No abusan de pizzas o lasañas.
–No. Estamos hablando de niños que saben que tienen obesidad. Lo que sí hacen es comer mucho frito, salsas y aceite en exceso. Ausencia total de verdura y fruta: deberían tomar 35 raciones a la semana, pero no pasan de dos. Como tienen mucha hambre, todo el volumen de alimento que podrían cubrir con la verdura lo llenan con cosas muy energéticas. Y engordan.

–Por lo que dice, no tienen mucha cultura de comer verdura.
–En absoluto. Los niños no saben có- mo son las verduras, no las conocen ni por foto. El que más, ha tomado puré de calabacín o de judías tiernas, siempre chafados. Yo les paso un cuestionario para que me digan cuáles prefieren, pero, antes, he de darles un dosier con la imagen y el nombre de cada verdura.

–¿No las han visto ni en foto?
–No, no. Y es algo general. No conocen las acelgas, nunca han visto una judía tierna entera, me preguntan si los espárragos son eso blanco alargado, y no saben si la col es una verdura o algo que se pone en la ensalada. Algunos han estudiado los alimentos en la escuela, pero se les olvida.

–¿Nunca han ido al mercado?
–No. Los padres no tienen tiempo.

–¿Cómo cambia esas tendencias?
–Si son bebés, depende de los padres. Con los más mayores, las dietas no funcionan. Ni las nombro. Tampoco les pregunto la talla del pantalón. Busco razones que les motiven: no les puedo decir que, si siguen así, a los 40 años tendrán colesterol peligroso. A un niño de 10 años, los 40 ni le inmutan. Si les gusta el básquet, les hago ver que con su peso no podrán jugar. Les advierto de que no encontrarán ropa de su gusto. Juego con frases como “¿qué quieres ser?, ¿dónde quieres estar?”. No les puedo decir que la coliflor es muy buena, porque no me creen.

Fuente: El periodico

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